lunes, 23 de enero de 2017

PEDIR PERDÓN

Valencia. Diez de la mañana. Un taxi. Un taxista que recoge a un cliente en el centro de la ciudad. Se ponen a hablar del tiempo. Que si qué frío hace, que si vaya con la ola polar, que si al menos hoy ha salido bueno. El taxista asiente mirando al cliente por el espejo retrovisor. En un paso de peatones no ve a un chico que a su vez habla por el móvil. No hay frenazo, el taxista se detiene cincuenta metros después, en un semáforo. Mira por el espejo retrovisor. Con las ventanillas subidas, por el frío, solo distingue a un chico que levanta los brazos indignado, que se acerca a la carrera. Con las ventanillas subidas, dentro, deja que el chaval le pregunte por qué no frenó, si le va a pedir al menos perdón. El taxista solo sonríe, con una sonrisa estúpida de 'di lo que quieras, ya te cansarás'; lleva a un pasajero, de otro modo bajaría, pero para darle dos guantazos al crío y que se vaya por ahí a gritarle a su madre... El chaval se pierde, sabe que solo le queda eso, la pataleta, se anota la matricula, el modelo del coche. Lanza una mirada al taxista, al taxi, la penúltima. 'Cada día hay más gente loca', dice el taxista al cliente. En realidad este si vio que el conductor se salto el paso de peatones, pero no dice nada. Se mantiene callado hasta el final de la carrera. Por la noche el taxista aparca donde siempre, cerca de una zona de copas. Alguien se fija, por casualidad, como la mayoría de las cosas que pasan en este mundo. Mira su smartphone, lee un mensaje que ha corrido por las redes sociales, se lo enseña a su colega y este llama a otros. Se hacen señas. El taxista ve a un grupo de críos venir hacia él, solo eso. La mujer del taxista se preocupará en casa, esa noche, al ver que su marido ya debió llegar; mira varias veces la hora, los mensajes en el móvil, por si acaso. Se le pondrá un nudo en el estómago al recibir la llamada, al escuchar al agente de policía. Habrá lágrimas, unos detenidos, alguien al día siguiente dirá, al ver el noticiero, que cada día hay más gente loca por el mundo, que si la juventud está perdida, que ya no respetan nada, cosas por el estilo. Valencia puede ser cualquier ciudad. Hoy puede ser ayer o mañana. El taxista puede ser cualquier taxista. El chaval puede ser cualquier chaval, o yo mismo. Hay tanto loco por el mundo.

2 comentarios:

  1. Ostras, hacía días que no te leía (cosas de la vida acelerada que he acelerado más). Como siempre un placer leerte y un único comentrario más encaminado a la reflexión que al texto... "si viéramos al de enfrente como a nosotros mismos otro gallo nos cantaría".

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    1. Gracias Gabi, estoy de acuerdo. Nos seguimos leyendo. Un saludo.

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