lunes, 10 de octubre de 2016

OTOÑO, VINO, PREMIOS Y UN VIAJE CON SORPRESA



'Viva el buen vino, que es el gran camarada para el camino.'
Pio Baroja.

Esta es una historia de un viaje, uno de esos viajes que, como digo a mis alumnos de escritura, sabes de dónde partes y a dónde vas pero quizá en el trayecto te sorprendas. En este caso, la sorpresa vino al final. Siendo así, vayamos al principio. 
   El viaje comenzó bien temprano el jueves 6 de octubre en Valencia, en la estación Joaquín Sorolla, desde la que partí con otros compañeros de letras y medios en dirección a Madrid. Parada breve ya que allí, en la capital mesetaria, nos unimos a más compañeros periodistas para dirigirnos a la región de la Ribera de Duero. Muchos la asociarán con buenos vinos, harán bien porque este viaje bebió de ese ser vivo, según los entendidos, que es el vino.
   La parada fue en Roa de Duero, en las Bodegas Durón, donde además de paladear un excelente caldo de la región, nos introdujeron en el verdadero motivo del viaje: la presentación del Premio Internacional de Novela Solar de Samaniego. Este año en su segunda edición, pues en octubre del año pasado también tuve la oportunidad de viajar, probar, degustar y disfrutar del excelente maridaje de los dos mundos, el del vino y el de la literatura. Contemplé de nuevo los campos de vides, el paisaje y la curiosidad compartida con mis compañeros por saber quién habría sido el ganador de esta segunda edición. El misterio tuvo que esperar para ser desvelado hasta la noche. Concretamente hasta la gala de entrega que se dio en el municipio alavés de Laguardia donde el grupo Solar de Samaniego posee una bodega que es más que una bodega.
   Por tanto, seguimos ruta hacia la Rioja alavesa, nos hospedamos en un hotel y de ahí a la bodega. Previo al acto tuvimos la oportunidad de admirar el trabajo muralista de Guido Van Helten en el Espacio Medio Millón. Una auténtica obra de arte que recomiendo a los amantes no solo del enoturismo, también a quien guste del arte visual pues quedará, sin duda impresionado.
   La gala. Los nervios. Los discursos y, por fin, el ganador. Las fotografías y la enhorabuena a Francisco Robles, el escritor, profesor y periodista que se alzó con el premio gracias a su novela ‘La maldición de los Montpensier’. Una novela de corte histórico con Sevilla bien presente, sevillano el autor, también sevillana es la editorial que lo editará este mes, Algaida, y que junto con el grupo Solar de Samaniego (dentro de su proyecto Beber entre Líneas) patrocinan e impulsan este certamen literario internacional.
  Tras el acto tocaba reponer fuerzas, hacerse fotografías y departir en la cena cóctel en el interior de las instalaciones de la propia bodega, rodeados de barricas, botellas, libros y el resto de compañeros de medios cambiando impresiones antes de pensar en una retirada discreta pues al día siguiente tocaba regresar cada cual a su ciudad de origen.
   El autobús salió temprano, aún hubo tiempo de hacer una parada técnica antes de llegar a Madrid. Pero, como dije antes, el destino siempre suele tener alguna sorpresa. En lugar de volver a Valencia en tren, tuvimos que hacerlo en coche. Otra anécdota más a esta experiencia, a este viaje lleno de recuerdos a la espera -sin sorpresas, confío-, de Francisco Robles. Quizá venga en tren desde su Sevilla hasta Valencia, se lo preguntaré cuando tenga a bien concederme una entrevista en la que espero preguntarle, cómo no, sobre su novela 'La maldición de los Montpensier’ y sobre la gala. Seguro que hay confianza, todo y que me diga que sí a cambio de que le invite a una copa de vino.
   Un día es un día.

2 comentarios:

  1. Un día es un día, claro que sí.

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    1. Brindo por ello y por quienes como tú venís a este blog que es parte del camino de letras. Gracias Roberto, un saludo.

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