sábado, 17 de septiembre de 2016

COMIDA DE SALA DE ESPERA



He oído que hay gente a la que le gusta ir a los hospitales, voluntariamente, como quien colecciona sellos o se acerca dando un paseo hasta la playa. También de un síndrome o patología de nombre impronunciable: El trastorno facticio o síndrome de Münchhausen. 

No es mi caso. Estos días he tenido que acudir no por mí, por familiares y os aseguro que ni me gusta ni se lo deseo a nadie. El caso es que ayer tuve que pasar varias horas, el hambre aprieta y me acerqué a una de las máquinas expendedoras. Imaginad, salvo que conozcáis estos aparatejos, el tipo de comida prefabricada que ofrecen. No sé si me decanté por lo menos malo, sí por un sándwich de un euro de chorizo y queso... ¡Ay, iluso de mí, chorizo y queso!

Como habréis imaginado, nada más cayó en mis uñas me fui a leer su DNI, por ver qué iba a meterme en el cuerpo. Creo que lo más sano era justamente el adhesivo con la información y el envase de plástico que luego tiré al contenedor correspondiente. En pequeñito hablaba así de los alérgenos: «Contiene gluten, soja, leche o derivados. Puede contener crustáceos, huevo, pescado, frutos de cáscara, apio, mostaza, sésamo y sulfitos». Quitando a los sulfitos, que no me caen bien, creo que me rondó por la cabeza la idea de que, sin lugar a dudas, lo más sano de verdad eran estas sustancias residuales presentes. El plato fuerte vino al seguir leyendo, aquí ya el hambre me decía que daba igual, que abriera el plástico y devorase de un bocado canino el contenido.

Os pongo el listado no de todos los ingredientes que contenía el sándwich, solo el de los números que aparecen en el etiquetado como si fuera la pedrea del sorteo de Navidad. Haced lo que yo, si aceptáis un consejo. Lo primero no os hagáis fans de la comida de estas máquinas, mejor llevaros un bocata de calamares si presumís que la visita al centro de salud va para largo. La segunda, que no busquéis esta retahíla de aditivos en internet porque seguro que la mayoría son chungos y su lectura os provocará malestar, sudores, palpitaciones y que alguien os quiera llevar al hospital. Es una conspiración: la comida de las máquinas expendedoras de los hospitales tiene todos estos aditivos para generar más clientes y que vuelvas. 

Bromeo claro.

La lista de aditivos a modo de actores de reparto en la obra Sandwich de chorizo y queso Barart son, por orden de aparición (no jaleéis ni aplaudáis, que nos conocemos):
Emulgentes E471, E481 y E472e, estabilizante E412, conservadores E282 y E200, emulgente E452, antioxidante E301, conservadores E250 y E252, colorante E120, emulgente E471 (este repite, iba a hacer el chiste de: como el chorizo), conservador E200, acidulante E330… y para rematar (esta palabra es metafórica) leo que tiene: aroma de humo y grasas vegetales de colza, palma y coco. 

Lo dicho, la próxima vez que vaya al hospital me llevo la fiambrera de aluminio con una tortilla española, la haré grandecita porque seguro que alguien allí se apunta, médicos incluidos.

Salud.

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