viernes, 15 de julio de 2016

PIRATAS, CARACOLES Y UNA NOVELA

Me apetecía escribir una entrada en este blog a modo de crónica. Me ha venido al pelo que ayer jueves entrevistase al periodista y escritor Victor Amela para terminar de decidirme. 
   
En el céntrico hotel de Valencia donde suelo conocer a muchos de mis entrevistados literarios Victor departía frente a una videocámara, la de otra compañera de entrevistas y letras. Nos saludamos los tres antes de tomar el relevo con el micro y las preguntas no sin antes quejarnos un poco (fina ironía) del hilo ambiental de la cafetería. Ahí ya denoté la gallardía del 'hijo, nieto y bisnieto de las guerras fraticidas españolas' como él mismo se arroga en la parte final de su novela. Por cierto, se titula 'La hija del capitán Groc' (Planeta, 2016)
  
   En esa misma nota final de este libro -galardonado con el premio Ramón Llull- comenta Victor algunos recuerdos sobre su infancia, como el de un fósil que encontrase su abuelo muchos años atrás, roturando con su arado. Un caracol grande, pétreo, que Victor me muestra junto con otros más pequeños, a modo de familia de fósiles con las que, imagino, acude a los medios en su peregrinar promocionando esta novela. 
   
   La familia, la suya, no la de los fósiles, tiene mucho que ver en la historia narrada, sus bisabuelos eran originarios del Maestrazgo, una región que, personalmente, me evoca viajes y lugares que visitase años atrás, unos solos y otros con amigos. Por supuesto, Morella con su castillo y sus 'flaons', pero también San Mateo y alrededores cuando estuve viviendo en San Carles de la Ràpita y hacia recorridos con un amigo. 

   La novela viene con una hoja a color desplegable entre sus primeras paginas: dos mapas, uno con los escenarios de la Guerra de Cabrera (el general, no la isla) y el Groc, y otro del término de Forcall. También descubro, en uno de los mapas y al saludar a Victor, el estandarte de Cabrera. Una suerte de bandera pirata que ondeó en el castillo de Morella durante dos años. El lema, por la espada y la palma que lucen a ambos lados de la calavera, era claro: lucha o muerte.

   Con todo, vamos hablando, conversando, le pregunto, me responde y, al final, no me resisto a que me deje tomarle una foto, en realidad tres, con esa bandera y esos fósiles (también yo guardo uno, un caracolazo fosil en algún lugar de la casa de mis padres, le digo). 

   Nos despedimos, es tarde, más bien la hora de la comida. Como no le concreto cuando va a salir la entrevista -me lo pregunta-... está agosto de por medio, asiente, ambos, hoy he decidido al menos hacerle este guiño a Victor Amela con esta entrada, esta crónica y mi simpatía hacia él. 

   Que no se me olvide aconsejaos el libro, que visitéis la comarca del Maestrazgo y saludar a mi amigo Froi, de San Carles... ¡Cómo echo de menos el coc de brossat!

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