martes, 22 de diciembre de 2015

RELATO Y FELICES FIESTAS

Desearos a todos unas felices fiestas y una entrada de año memorable. Lo hago de esa forma que muchos, quienes me conocéis, suelo hacer porque creo que es lo que mejor me identifica: escribiendo.

   Va para todos y en especial para esa persona que me recuerda de tanto en tanto que escriba, que soy escritor, este relato rescatado de un olvido, pues a menudo las historias duermen un sueño justo o injusto, como semillas, para brotar en días especiales, en fechas tan especiales como estas.
Va por ti, 'que están respirando amor' sin Tenorio.



Rosa

Había insistido a sus amigas que no le gustaban los tipos repeinados con pinta de vaqueros solitarios que ahogaban penas en la barra de cualquier bar. Por eso se sorprendió al acercarse a aquel, tras un cruce de miradas. Los dos hablaron, rieron y en un arranque de sinceridad le susurró: tienes pinta de mafioso, poco antes de invitarle a conocer su piso de estudiante. Él, a cambio, le regaló una rosa roja regateada a un vendedor ambulante cuando nadie miraba. Tampoco le gustaban los tímidos, los que se desnudaban en el baño pidiendo perdón, doblando cuidadosamente la ropa junto a la cama. Imaginó por ello al día siguiente que aquella rosa valía, al menos, un secreto de buenos días. Él tan misterioso, sin nada interesante que confesar, en tanto él le había contado media vida, revelándole incluso aquel lunar en el hombro, igual de oculto y enigmático como Andrés… dudó de que fuera su verdadero nombre. Lo olvidó tiempo después, aunque no del todo, en la resaca de otras noches de fiesta, con otras conquistas fugaces, con otros tímidos en bares discretos cuando comprendió que no le devolvería las llamadas. Siendo de provincias, se sintió libre en la gran ciudad y de libertad le hablaron también en los corrillos de la facultad, de encabezar manifestaciones no solo haciendo sentadas en el césped del campus. Se unió así a un grupo de protesta frente al Congreso, en primera fila, para reclamar derechos e igualdad. En algún momento voló un coctel incendiario, una masa de violentos, los de siempre, se sobrepasó; arreció una carga de los antidisturbios. Tras la estampida quedó inmóvil y ajado en medio de la confusión, el humo, las balas de goma y los policías a caballo. 
   «Sabía que volvería a verte -le dijo en el suelo, tosiendo-, que no eras un mafioso», esperando el abrazo de Andrés, ahí estuvo seguro de su nombre. Él se descubrió el casco prometiéndole que todo saldría bien, mientras destapaba el lunar con una pérfida rosa de sangre.

6 comentarios:

  1. ¡Felices fiestas! ¡Y felices cuentos!

    ResponderEliminar
  2. Escribe Ginés, escribe mucho, no dejes de hacerlo. Para mi leerte es puro placer. Leo cada relato buscando esa parte de ti que sin ser consciente dejas en ellos. Quizás sean el preludio a eso-que-no-quieres-nombrar, que más da. Be writter my friend...
    Besitos y feliz Navidad

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ante esta invitación me quedo casi sin palabras tan necesarias para lo que me aconsejas Tartitas y tortazos. Gracias y felices fiestas.

      Eliminar