miércoles, 7 de marzo de 2012

Entrevista a MACKY CHUCA

        Macky Chuca es bonaerense pero reside en Palma de Mallorca desde 2000; vocalista y letrista del grupo punk rock Mostros, ganó el VIII Premio Cafè Mon con su libro de relatos La Reina del Burdel. Este jueves a las 19 horas lo presenta y firma en la Librería Primado de Valencia. Desde aquí le deseo mucha suerte (ya va por la segunda edición) y también con su grupo, que estuvo de gira recientemente en Valencia presentando su cuarto trabajo: "Crop Circle Blues".

    La Reina del Burdel es el título del libro, ganador del VIII Premio Cafè Món 2011 y uno de los dieciséis relatos que lo integran, que ya de entrada te he de confesar que me han impactado por su lenguaje, la tensión y cierta belleza carnívora… Pero ¿qué nos cuenta Macky Chuca en estas dieciséis historias?

     Gracias por tus comentarios, Ginés. Me gusta lo de belleza carnívora. Mis libros preferidos siempre tienen palabras que muerden. Creo que es necesario que lo que estés leyendo te traspase la piel de alguna manera.

     Para contarte qué cuento en estos cuentos tengo que hacer un ejercicio de unir los puntos, a la inversa y en cámara rápida, lo cual es casi un ejercicio de contorsionismo. No me es fácil porque todo lo que yo pueda decir sobre mi propia literatura está de más. Esto puede sonar a pose, o tal vez muestre que soy una novata en esto de tener que hablar sobre lo que escribo. Entiendo que a todos nos gusta leer lo que el escritor tiene que decir sobre su obra, y como lectora he disfrutado de los comentarios que los escritores hacen a sus textos, pero como escritora no puedo menos que sufrir un poco con ellos. Me refiero a que uno carga con si historia durante una determinada cantidad de tiempo,  la va rumiando, luego un día se sienta y la escribe. Y más tarde desempolva todo el instrumental quirúrgico para el momento de la revisión, donde se trata, como dice José Vidal Valicourt, de des-escribir. O de cribar, como insistía Miguel Dalmau, que me ayudó tanto en su momento con muchos textos míos. Es una instancia para leerse a uno mismo entre líneas. Entonces un resumen, un comentario sobre aquello que uno tuvo tan cerca y que luego manoséo hasta el delirio, creo yo que llega a destiempo. Flannery O’Connor decía que no se puede parafrasear el significado de una historia. Desde luego nunca va a lucir tanto como en las páginas del libro, que es donde tiene que estar, y desde donde se tiene que leer.

     Pero vamos a intentarlo. Las historias de La Reina del Burdel van de finales, en su mayoría. Yo creo que ahora, un tiempo después puedo verlo como una colección de finales. Hay una serie de personajes mejor o peor adaptados a su medio, pero todos viven con una cierta desprolijidad, van desastrados, no están cómodos en su piel. En el fondo, creo que son todos un poco losers. Me gusta la figura del perdedor, tanto el que lo admite abiertamente como el que se cree la octava maravilla. Y estos personajes se van enfrentando con finales. Está el fin de la inocencia, el fin del amor. Hay ilusiones que se estrellan, cosas que se pudren, máscaras que se descascaran. Hay pianos, pepinos, arenas movedizas, tiburones, uvas negras, pescado crudo, camisetas de bandas, demonios, potrillos. Y también tango y rock n’ roll.

     Leo que Agustín Fernández Mallo ha dicho que tu ficción “…trastoca parte de los tópicos femeninos”, ¿hasta qué punto crees que es así?

    Habría que preguntarle a Agustín cuáles cree que son esos tópicos, y qué vio él en mi ficción capaz de desacomodarlos. Lo que hay en mi ficción no está puesto ahí con la intención de mover nada, salvo que el lector se acurruque más o menos en su sillón. De hecho, cuando escribo lo que hago es, como decía Ray Bradbury, seguir a mi personaje, que está corriendo detrás de aquello que desea con toda el alma. Yo trato de no interferir demasiado con ello, y no me planteo ningún tipo de reivindicación, sino simplemente que los personajes puedan decir su verdad, por molesta que ella sea. Tal vez por eso parezca que los personajes femeninos (que no son todos) incomoden un poco, porque no estamos acostumbrados a que las mujeres digan cosas con todas las letras.  Y mis personajes usan todas sus letras, todos sus miembros y sienten las cosas en cada centímetro de pellejo.

     Quedaste finalista del VI Premio Cafè Món con Estrellas y otros cuentos, ¿cómo surgió la idea de presentarte de nuevo al Premio Cafè Món?

    Me volví a presentar al Cafè Món como me vuelvo a presentar rutinariamente a una serie de concursos que me interesan, cada año o cuando me acuerdo y me quedo sin plazos. El hecho de tener un plazo de entrega obra maravillas en mi productividad. De hecho muchas veces trabajo hacia un evento determinado sólo por tener una fecha de finalización del proyecto, y luego no me presento. Pero bueno, quedar finalista del Cafè Món en 2009 fue ya una enorme alegría. La publicación del libro en octubre por Sloper, y el hecho de que ya haya salido la segunda edición, son cosas que me hacen muy feliz. Creo que el salto de tener tus textos en un cajón a que de repente ocupen el estante de alguien en forma de libro es cuasi milagroso, algo por lo que estoy sinceramente agradecida. Es algo con lo que forzosamente has soñado si llevas escribiendo toda la vida. Eso y los comentarios de mis lectores, absolutamente generosos. Es una emoción muy nueva y muy bella.

    Las imágenes que me evocan tus relatos son como la de la portada del libro, una “mezcla de rabia y lirismo, de veneno y caricia”. ¿Qué te inspiró y qué te resultó más difícil a la hora de escribirlo?

    Al final del libro hay una larga lista de discos, y también canciones sueltas, que me inspiraron. Escucho mucha música y quieras que no, se van entretejiendo con tu vida, con tus estados de ánimo, y desde luego muchos de esos mundos de la canciones se fueron inoculando en el mundo de mis relatos. Las chicas son huecas nació de una frase muy común, muy usada, que no voy a repetir ahora para no desvelar el argumento del relato. Luego los cuentos se van estructurando en torno a una miríada de cosas distintas: anécdotas que escucho al azar, conversaciones en la mesa de al lado del bar, sueños, escenas de películas. Los disparadores son miles, y muy distintos. Muchas veces una sola frase basta para desatar todo un temporal. Que luego hay que ordenar, claro, no todo sirve.

    Lo más difícil fue, justamente, animarme a mostrar Las chicas son huecas. El cuento salió de un tirón, muy fácil, algo que no es en absoluto habitual en mi manera de trabajar. Lo escribí en un cuaderno y lo dejé descansar, como hago siempre, unas cuantas semanas. Cuando volví a leerlo me pareció que iba a encajar perfectamente con el tono del resto del libro que estaba escribiendo, pero no fue fácil decidirme a incluirlo. Me inquietó bastante su lectura, una de esas raras ocasiones en las que uno no se reconoce en lo que ha escrito o por lo menos no lo reconoce como propio. Y esa sensación de oscuridad, de algo ligeramente perverso me persiguió una temporada hasta que finalmente me puse a revisarlo. Acabé por abandonar la idea de embellecerlo o redondearlo. Ese cuento es en un 90% lo que escribí la primera vez.

    Fraternité fue difícil de escribir por otros motivos. Estaba cerrando una etapa de mi vida y todo se me hacía cuesta arriba, incluso la escritura. Cuando en otros relatos era más evidente lo que tenía que decir, en este no acertaba con las palabras verdaderas. Tuve que recurrir a la mano salvadora de una hermana melliza muerta para que accionara el limpiaparabrisas.

    Desde 1999 eres cantante y letrista de la banda punk rock Mostros, ¿cómo se conjuga la música y la afición por la literatura?

    Bueno, son mis dos pasiones. No concibo la vida sin música y sin libros (hasta ahora ajenos, desde hace unos meses parece que propios también).
Es extraño como, a pesar de estar siempre escribiendo, nunca me siento a escribir letras para Mostros fuera del entorno del local de ensayo o en el estudio de grabación. Las canciones nacen siempre instrumentales, los cuatro Mostros colaboramos en la composición, la estructura, los arreglos, etc. Y yo generalmente me limito a maullar frases deformes hasta que encuentro lo que será la melodía vocal, pero absolutamente sin palabras. Las palabras llegan después. Hay un momento en que de repente tengo clarísimo de qué irá la letra y el título se configura luminosamente, pero no antes de haberla tocado veinte o treinta veces.

    Los Mostros se ríen porque muchas veces llego al estudio sin ninguna letra. Y mientras ellos van grabando sus partes, sus instrumentos, mientras veo la canción tomar forma, ahí sí aparecen las palabras. A veces: tanto en Feed the rockin’ soul, nuestro segundo disco, como en Vacillatio et Revolvo, hay dos canciones que me negué a cantar, simplemente porque no tenía nada que decir en ellas. Y las cantaron los chicos.

     ¿Puedo preguntarte por tu próximo reto literario?

    Estoy preparando un nuevo libro de cuentos con material que fui escribiendo durante este año, y con embriones de varias historias que surgieron en las últimas semanas. Ahora mismo ya rodaron los dados, como dicen mis amigos de la banda Cancerberos: sé que tendré que enfrentarme a una buena cantidad de páginas que no he mirado desde hace rato. Esther Cross me enseñó que a los textos hay que dejarlos en el freezer un tiempo antes de ponerse a luchar con ellos, y eso hago. Diciembre es tradicionalmente un mes para hacer balance, entonces trato de poner un poco el freno y dejar que la fuente se llene otra vez. Y con el comienzo del año, comenzará otra vez el trabajo, duro y dulce como un caramelo.

    Una frase o un párrafo de La Reina del Burdel que quieras destacar para los lectores de nuestra revista La Gonzo.

Un día mi papá me dijo que me iba a hacer un regalo y le cortó la cabeza al perro. La clavó en una madera bien lustrada que tenía, y la colgó en el living de casa.
—Nena, ¿por qué no te comés los fideos?
—Porque son todos unos hijos de puta.
A veces es tan fácil como eso.
—Nena, ¿por qué dejaste la ropa tirada?
—Porque esta casa está tan llena de corazones enmierdados que un gesto como este dignifica.”
(Taradita deforme, de La Reina del Burdel, por Macky Chuca. Editorial Sloper, 2011)

Muchas gracias y mucha suerte.
http://www.editorialsloper.es

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