lunes, 20 de febrero de 2012

RELATOS I CONCURSO DE TERROR VIERNES 13 (y 3º PARTE)

     Estos son los dos últimos relatos que entran a concurso y que optan a ganar el I Concurso de Relatos de Terror Viernes 13. El próximo 1 de marzo sabremos quién es el ganador.
     He habilitado en el lateral una encuesta para que votéis cuál es vuestro relato favorito y así comprobar si hay unanimidad en el resultado.
Os animo a que participéis y dejéis vuestros comentarios.


El Mastín.

Ya viene a por mí. Puedo sentir el manoseo de sus zarpas al otro lado de la puerta. Acabará conmigo igual que hizo con mi amigo St. Paul, al menos que yo mismo me arranque la vida con mi revolver.
La proximidad de la muerte confunde mis recuerdos. Los de la funeraria donde St. Paul y yo trabajábamos para un viejo y avaro holandés. Conocíamos demasiado bien sus secretos y a fin de evitar que le traicionásemos nos permitió quedarnos con todos los objetos de valor que trajesen los clientes antes de la ceremonia. Tampoco nadie los reclamaba, y con el tiempo conseguimos reunir un auténtico botín. Éramos jóvenes, hastiados de las diversiones de la ciudad, salvo aquellas que encontrábamos en la soledad de nuestra casa sin criados a las afueras de Londres. Nuestra colección de objetos mortuorios se nutría además cada dos o tres noches con una nueva pieza arrancada literalmente de las garras de la muerte al convertirnos en vampiros profanadores de tumbas. La muerte dejó de subyugarnos haciéndola compañera de nuestros juegos nefandos. Nada nos seducía más que el roce de la piel apergaminada al robar un anillo, o el crepitar de una clavícula al arrancar un collar. La mirada de los yacientes nos excitaba incluso cuando debíamos de salir huyendo al oír al vigilante del cementerio. Hasta aquella noche lluviosa en la que St. Paul me empujó con la emoción bailando en sus pupilas. La viuda más huraña de la ciudad había fallecido en extrañas circunstancias. Su propio mastín la había devorado, me dijo, huyendo rabioso, y con él su único heredero. Ya al abrir la caja advertí a lo lejos la presencia de un merodeador. Pero St. Paul, repuesto de la impresión del despojo que descubrimos, se lanzó a por un amuleto sanguinolento, un camafeo tallado con una calavera en el centro. Luego los ladridos de un perro y aquella presencia que nos siguió hasta la casa. St. Paul lo achacó a la visión de la vieja pero se equivocaba. Los ladridos del mastín nos acompañaron cada noche hasta el fatídico día en que St. Paul apareció horriblemente mutilado a la puerta de casa. Tuvo tiempo para susurrar «…aquel maldito amuleto» antes de fallecer. De nuevo el ladrido lejano, comprendí que mientras tuviera aquella pieza la sombra me perseguiría. Decidí regresar a la tumba de la viuda a devolver el amuleto y acabar con la maldición; sentí la sombra entre las lápidas, enorme, rabiosa, disparando a ciegas hasta el panteón. Pero un horror mayor me aguardaba al levantar la tapa del ataúd. En lugar de la anciana desfigurada por la pestilencia de la descomposición y los gusanos hallé a un ser mitad humano mitad lobo, ajeno a la muerte, como reposando aún con las garras y los colmillos ensangrentados. Arrojé al fondo el amuleto y en aquel instante se despertó, sus ojos se abrieron, brillantes, furiosos. Pude huir pero no pude escapar. Siguió mi rastro hasta aquí, hasta el sótano.
La puerta acaba de ceder.
DAGÓN.

OJO POR OJO, DIENTE POR DIENTE
     Birch, el sucio enterrador, borracho y descuidado, pensó que su ofensa quedaría sin castigo. Me retorcía en la indignidad del ataúd apretado contra mi humanidad robusta y recia, podía notar sus manos insolentes forzando mi cuerpo, sometiéndolo para que entrara en ese cajón desvencijado y demasiado pequeño que su mente perezosa y mezquina me había destinado. Esas manos, sus acciones eran hierros candentes atravesando mi espíritu. Todo lo inmortal que quedaba en mí era una incesante llama de odio, la apremiante necesidad de hacer justicia. Nadie había escapado a ella. Nunca.
      Siempre he regido mi vida por la justicia. No en la blanda ley humana. En la de Dios. Mi madre me la enseñó a palos desde que nací. Y en ella se cumplió mi primera obra justa cuando a la edad de diez años tuve la fuerza suficiente para devolverle, golpe por golpe, todos los que me había dado en vida.
     A partir de ese momento cumplí la Ley de Talión puntillosamente sin importarme el tiempo que tuviera que esperar. Siempre he sido paciente. Cuando el viejo Raymond, mi vecino, me robó  tierras con artimañas legales,  tuve que esperar treinta años, pero le arruine ¡O, sí, Señor!  Cuando ese perro estúpido me mordió lo pateé hasta la muerte. Mi dolor por escaso que resultase tenía más valor que la vida de un animal. Nada puede impedir que lleve a cabo mi justicia.

      El afán me sostuvo en ese tiempo tenebroso en los que solo los rojos y ardientes hilos de la justicia me atraían una y otra vez a mi cuerpo putrefacto hasta que en algún instante noté la presencia de Birch, podía incluso sentir su apestoso aliento alcohólico, sus pasos tambaleantes de borracho. Me até a mis deseos de retribución. Me conjugué con el viento para cerrar la puerta. Fue mi determinación la que fijó el cerrojo y mis pensamientos los que confundieron a Birch para que eligiera mi ataúd, cuando su decisión de salir de la cripta le hizo pensar en la claraboya cercana al techo. Creció la fuerza en mi cuerpo corrupto cuando sus pies se posaron contra la endeble madera del féretro. Tan cerca de mis dientes… Cuando al fin, su peso la venció ¡Alabado sea el Señor! Y sus tobillos cayeron en mis fauces, abiertas y anhelantes, cumplí.
   Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie… Nunca debió serrar mis tobillos para meterme en esta pequeña caja.
MCLB

2 comentarios:

  1. No voy a comentar, excepto que me parece una excelente iniciativa de estos dos blogs. Y que los relatos me parecen en general muy buenos.Si tuviera que apostar, siguiendo una conversación anterior que se dio en este blog sobre la autoría de uno de los relatos, apostaría por el penúltimo.
    Estoy impaciente por ver las votaciones.
    Un besito.

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    1. Aprovecho que mis ocupaciones no literarias me dan un respiro para responder y agradecerte tu visita. Deseo que por una parte los escritores que han participado hayan disfrutado y por otra, el mismo deseo a todos los lectores que os asomáis y leéis los seis relatos a concurso. Suerte a los concursantes, el próximo jueves se sabrá quien es el ganador.
      Un saludo

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