domingo, 1 de abril de 2018

Torrijas saludables (y sostenibles)

Mi forma de homenajear a mi madre, por recordarme estos días que va a cocinar más de la cuenta, por si me quiero llevar de su casa a la mía algo de lo que haga (en exceso) y comérmelo, es compartiendo esta receta de TORRIJAS. Todo y que estoy seguro de que si nos hiciéramos (ambos) un análisis tras estas fiestas de Cuaresma... lo mismo nos salía el colesterol y/o el azúcar por las nubes... Como sé que a ella eso de variar la receta tradicional no lo va a ver muy allá, os dejo esta que a buen seguro encontraréis tal cual o sin muchos aditamentos en Internet.
Buen provecho.

Ingredientes:
  • Rebanadas de pan (integral), lo que hará que la receta sea sostenible es aprovechar pan que se nos haya hecho duro, ese que lleva varios días en casa y no sabemos qué hacer con él. La cantidad irá en función del apetito de cada cual, más vale quedarse con hambre a que queden torrijas  'rodando' en la nevera.
  • ¼ de litro de leche de soja o de almendras; no se necesita mucha, por lo que mejor usar poca, la justa, y así también cocinaremos responsablemente. 
  • 4 cucharadas de harina de garbanzos y un poco de agua; lo pongo junto porque con ello haremos el rebozado, evitando pasar las torrijas por huevo batido.
  • 4 cucharadas de azúcar de coco o sirope de ágave; a la hora de endulzar, puede usarse cualquiera de ambos, incluso estevia; además del índice glucémico (para quien sí lo tenga en cuenta) pensad que el azúcar de coco es rico en minerales y vitaminas del grupo B.
  • 1 corteza de limón o naranja; puede usarse una que hayamos reservado con anterioridad, días o semanas atrás; bien lavada y conservada en un tarro de vidrio en la nevera. (Aprovechar las cortezas es también un guiño a un consumo responsable y sostenible).
  • Canela en rama y en polvo; podemos variar la receta original sustituyendo este aroma empleando otros condimentos además de adquiridos en comercios de proximidad, más ecológicos y responsables con el medio ambiente. 
Preparación:

  1. Cortamos el pan en rebanadas no muy gruesas.
  2. En un cazo calentamos la leche con la canela en rama y la corteza del limón/naranja. Cuando esté caliente, extraemos la canela y añadimos el azúcar de coco; cuando se haya integrado por completo retiramos del fuego.
  3. Sumergimos las rebanadas de pan en la mezcla de leche azucarada. Las dejamos allí unos minutos para que absorban la leche, pero que no queden demasiado blandas. En todo caso, escurrir para que no las rebocemos muy caldosas.
  4. En un bol aparte mezclar la harina de garbanzos con el agua. Rebozar las torrijas en esta mezcla. 
  5. Freír en abundante aceite caliente (aceite de oliva virgen extra) hasta que se doren.
  6. Añadir, si se quiere, un poco de azúcar de coco o sirope y canela en polvo por encima. 
  7. Dejar enfriar.

sábado, 3 de marzo de 2018

A Sergio, agradecido


Cada paso que damos nos damos cuenta que donde quiera que vayamos,
estamos en camino hacia la eternidad.

A Sergio Martinez, que ya viaja hacia ese lugar mejor donde nos esperará con una sonrisa inquebrantable.

El anciano llevaba varios días inquieto por las noches. Se acostaba pronto, pero no conseguía hilar el sueño hasta bien entrada la madrugada para despertarse antes del alba. Vivía solo, su casa era humilde, sus rutinas diarias le hacían feliz a pesar de la ausencia de vecinos y visitas desde hacía ya tiempo. Si en algún momento notaba un cosquilleo molesto cerca del corazón, acudía, arrastrando despacio los pies, al cuarto más alejado de la casa. Encendía la bombilla desnuda y se quedaba unos instantes contemplando las fotografías enmarcadas y los recuerdos en las paredes y estantes. De tanto en tanto se le escapaba una lágrima soslayada que dejaba caer sin esfuerzo. Su fotografía favorita, a la que acudía acercándose con la vista cansada y a la vez animosa, era una con dos jóvenes de frente. Estos, montados en sus motocicletas, festejaban una carrera con una amplia sonrisa, mirando al fotógrafo. En realidad, fotógrafa.

La instantánea la había tomado la novia del que parecía más recio de los dos. Los recuerdos venían entonces a su mente como a lomos de aquellas motocicletas. Tomaba la única silla en el cuarto y se quedaba largo tiempo mirando y evocando aquel recuerdo, aquella fotografía, hasta volverla real.

La carrera se había retrasado por la lluvia, pero finalmente se celebró con gran expectación de público y medios. Sergio se había preparado a conciencia. Se lo había comentado a María, su novia, pidiéndole que se colocara cerca de la meta para que le tomara una buena fotografía. En la línea de salida los participantes ocuparon sus puestos junto un debutante que no contaba para las encuestas. Tras la señal de salida, las motocicletas ensordecieron la pista para disfrute de los asistentes. Sergio fue ascendiendo posiciones hasta hacerse un hueco en la terna de cabeza. Le siguió a rueda el debutante. Los cuatro motoristas encararon la recta final casi en un puño, pisando a fondo el acelerador al ver la bandera de cuadros. La foto finish dio la victoria por muy poco a Sergio. Victorioso, al bajar del cajón del podio, quiso hablar con el cuarto, con el debutante. Surgió entre ellos una rápida complicidad y le pidió a María que les tomara una foto sobre sus motocicletas. Coincidieron en más competiciones, a Javier le fascinaba el buen humor de Sergio antes y después de las carreras, su camaradería con los compañeros y la vitalidad dentro y fuera de los circuitos.  

Un día recibió una llamada de María. Sergio había tenido un accidente durante unos entrenamientos libres. Le habían hospitalizado en cuidados intensivos. Javier supo que aquella era otra prueba más en la vida de Sergio, que saldría de ella victorioso, estaba convencido de ello. Y se convenció aún más cuando, a través de María, fue sabiendo que el estado de salud de su amigo tuvo que sortear desde un infarto a una intervención larga y complicada. Sergio es fuerte, se repetía, es un luchador y vencerá; ya lo verás.

Sentado en la silla, frente a la fotografía, los ojos se le anegaron de lágrimas. El rumor en el corazón le empezó a incomodar al traer nuevos y dolorosos recuerdos. Se puso en pie con torpeza, aferrándose al marco de la puerta. Antes de cerrar la habitación y apagar la luz echó un vistazo a la fotografía. Creyó ver a su amigo Sergio más sonriente que nunca.

Esa noche el sueño le vino suave, plácido. Le agradó verse joven de nuevo, reconoció a María con su cámara de fotos pidiéndole que se acercara a Sergio. Oía el ruido de la gente, el de las motocicletas, aunque no vio a su amigo a pesar de las señas de María. Podía escuchar el motor de la moto de Sergio tan cerca… Tan cerca que se despertó con el corazón encogido. Salió de la cama y se asomó a la ventana porque seguía escuchando la motocicleta de Sergio allí fuera. Los ojos se le humedecieron al ver por el camino la silueta de su amigo montado en su fantástica Harley-Davison. Era él, no le cupo ninguna duda, no había cambiado nada. No se preguntó cómo era posible. Su mente borró aquellas escenas cuando María, en el hospital, se abrazó a él para llorar en su hombro desconsolada. Por el contrario, sin hacer preguntas, se dirigió donde Sergio le esperaba paciente, con el motor en marcha, haciéndole un gesto para que se subiese con él. Y ya no le dolió el corazón, ni sintió molestias en sus huesos ni en sus pies cansados. Se encaramó con agilidad al asiento, le abrazó. Sergio, sin perder la sonrisa, le pidió que se agarrara fuerte porque iban a hacer un viaje muy largo. Ambos se perdieron por la línea del horizonte sin mirar atrás.

martes, 21 de marzo de 2017

¿POR AMOR A QUÉ...?

He escuchado demasiadas veces eso de que los artistas a veces trabajamos por amor al arte. Imagino que va por barrios, como se suele decir. Quizá por eso, cuando toca hacer balance, buscar a gente por amor al arte, pienso en que es normal que los 'no artistas' nos vean como un poco bichos raros.
   Este año se cumplen 80 del fallecimiento del escritor norteamericano Howard P. Lovecraft. Tuve la oportunidad de leer algunos de sus relatos en mi adolescencia. He de confesar que algunos me parecieron una 'rayada' como se dice ahora. Recuerdo que uno de los primeros libros que me compré en la Feria del Libro de Valencia, estamos hablando de 1988 o 1989, fue uno de él, uno de relatos, que por alguna extraña razón presté o regalé (me arrepiento) a alguien que no recuerdo.
   Este año iba a ver la luz una antología de relatos inspirados en el universo de este autor, coordinada por alguien que conozco, pero que por razones varias no llegó a buen puerto. Habíamos puesto nuestras ilusiones unos cuantos amigos de aquí y de allá y nos sentimos un poco decepcionados al saber la noticia. Cual ave fénix surgió la idea de soplar las brasas y ver de dar continuidad al proyecto invitando a más escritores, otros locos por amor al arte, ya que no sabíamos si una editorial, al tener el manuscrito con los distintos relatos de 'locos' por Lovecraft decidiría publicar la antología y qué beneficios se obtendría.
HP Lovecraft 1890-1937
   La fe mueve montañas y el espíritu de los que pensamos más en la ilusión del proyecto que en el dinero sopló las velas del barco que, a fecha de hoy, navega con buen rumbo. Tuvimos que echar mano, como dije, de contactos, de otros 'locos' repartidos por la península, locas y locos que quisieran aportar su granito de arena sin prometerles nada. Tocamos a la puerta de algunos escritores más o menos conocidos en esto del terror, pero pusieron escusas variopintas, la mayoría coincidían en que preferían otros proyectos más lucrativos.
   La capitana de esta nave me animaba, me decía: "es normal, no te preocupes". Pero yo me preguntaba en qué punto un escritor se vuelve mercenario, mercachifle, en qué momento uno solo piensa en escribir por la pasta, en qué momento miras a ver quién está en la lista de pasajeros y, si no hay caché me apeo, no me interesa...
   La antología sigue navegando, en abril queremos tocar puerto editorial, buscar un editor que quiera apostar en el sueño de diez marineras y marineros que un día reparamos lo que la marea destrozó y, tras hacernos de nuevo a la mar, decidimos que lo más importante era el viaje, no Ítaca, no el vellocino de oro.
   Gracias a quienes seguís moviendo el mundo desde vuestras naves, sean cuales sean, sin importaros si al otro lado del horizonte habrá un caldero de oro.

"Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias." K. Kavafis.

miércoles, 25 de enero de 2017

Taller escritura en Alas Espacio Creativo (Valencia)


Taller de Escritura creativa



Dirigido a: todas las personas que quieran expresar ideas, sentimientos, ficciones o realidades mediante la palabra escrita. El taller será esencialmente práctico y los textos se analizarán de manera participativa y por el docente. No es necesario conocimientos previos de escritura creativa.

Objetivos: Este curso está orientado al aprendizaje de las técnicas y herramientas narrativas mediante la teoría y la puesta en práctica a través de relatos breves. A través de la escritura y del análisis de los textos cada alumno/a descubrirá o potenciará su propio estilo y sus preferencias como escritor/a.

Lugar: Alas Espacio creativo. C/ Guadalaviar, 9 bajo. 46009 (Valencia).

Parada Bus EMT: Líneas 1, 6, 16, 26, 28, 79, 80, 95.

Duración: Los jueves del 2 de febrero al 11 de mayo. (exc. festivos)

Horario: 19:00 a 20:30 horas.



Contenido:

·         Fuentes de la creación literaria

·         Estructuras lineales y no lineales

·         Construcción y desarrollo del conflicto

·         Creación del personaje literario

·         El diálogo

·         La descripción

·         Narrador y punto de vista

·         Espacio y tiempo literarios

·         Estilo y originalidad

·         Técnicas de desbloqueo

·         Reescritura



Más info e inscripciones: Alas Espacio creativo. Tel. 963 113 436 https://www.facebook.com/alasespaciocreativo

@alasespaciocreativo


lunes, 23 de enero de 2017

PEDIR PERDÓN

Valencia. Diez de la mañana. Un taxi. Un taxista que recoge a un cliente en el centro de la ciudad. Se ponen a hablar del tiempo. Que si qué frío hace, que si vaya con la ola polar, que si al menos hoy ha salido bueno. El taxista asiente mirando al cliente por el espejo retrovisor. En un paso de peatones no ve a un chico que a su vez habla por el móvil. No hay frenazo, el taxista se detiene cincuenta metros después, en un semáforo. Mira por el espejo retrovisor. Con las ventanillas subidas, por el frío, solo distingue a un chico que levanta los brazos indignado, que se acerca a la carrera. Con las ventanillas subidas, dentro, deja que el chaval le pregunte por qué no frenó, si le va a pedir al menos perdón. El taxista solo sonríe, con una sonrisa estúpida de 'di lo que quieras, ya te cansarás'; lleva a un pasajero, de otro modo bajaría, pero para darle dos guantazos al crío y que se vaya por ahí a gritarle a su madre... El chaval se pierde, sabe que solo le queda eso, la pataleta, se anota la matricula, el modelo del coche. Lanza una mirada al taxista, al taxi, la penúltima. 'Cada día hay más gente loca', dice el taxista al cliente. En realidad este si vio que el conductor se salto el paso de peatones, pero no dice nada. Se mantiene callado hasta el final de la carrera. Por la noche el taxista aparca donde siempre, cerca de una zona de copas. Alguien se fija, por casualidad, como la mayoría de las cosas que pasan en este mundo. Mira su smartphone, lee un mensaje que ha corrido por las redes sociales, se lo enseña a su colega y este llama a otros. Se hacen señas. El taxista ve a un grupo de críos venir hacia él, solo eso. La mujer del taxista se preocupará en casa, esa noche, al ver que su marido ya debió llegar; mira varias veces la hora, los mensajes en el móvil, por si acaso. Se le pondrá un nudo en el estómago al recibir la llamada, al escuchar al agente de policía. Habrá lágrimas, unos detenidos, alguien al día siguiente dirá, al ver el noticiero, que cada día hay más gente loca por el mundo, que si la juventud está perdida, que ya no respetan nada, cosas por el estilo. Valencia puede ser cualquier ciudad. Hoy puede ser ayer o mañana. El taxista puede ser cualquier taxista. El chaval puede ser cualquier chaval, o yo mismo. Hay tanto loco por el mundo.